Marina tiene 53 años y decide dar voluntariamente este testimonio. Tiene una foto antigua en su teléfono de cómo era hace algunos años, y la muestra como queriendo evidenciar el contraste de quien es ahora: una mujer que dejó atrás un pasado difícil, que la llevó a adicciones que ya superó y hoy se siente lista para dar testimonio al respecto de su proceso en PAI Mujeres “Wanda Clemente Gárate” de CORFAL.
“Yo llegué acá como un pollito”, relata Maria Becerra Chirino, quien por sus consumo problemático de sustancias y alcohol llegó a estar en situación calle “pero estuve en calle calle” enfatiza, relatando que “dormía hasta con los perros, ellos fueron mi mayor apoyo en esa etapa” y que su búsqueda de salir de esa vida la llevó por varios centros de rehabilitación; “estuve en Santiago, estuve acá en Arica, pero no me sentí realmente apoyada como me siento en PAI Wanda”
“Quería hacer un cambio en mi vida”, cuenta diciendo que supo de la existencia del PAI Mujeres a través de un volante y quiso volver a intentarlo a pesar de las resistencias de sus experiencias previas: “me decía a mi misma bueno voy a ir pero va a ser todo igual, porque para mi todos los centros son iguales, con ese pensamiento venía yo. Pensaba recuperarme, que iba a salir bien. En algunos centros no me escuchaban, y de repente cambió todo. Mi comienzo de cambio comenzó acá, verdaderamente acá. ” relata.
“Aca vi más preocupación por mí, me sentí amada, y eso para mi es importante porque me sentí como en familia, sentía que salía de mi casa y llegaba a otra casa”, cuenta con mucho ímpetu porque para ella es muy importante contar que ha sido muy acogida “desde el principio hasta ahora”.
“Hice talleres, muy lindos, no soy de muchas artes manuales pero me incorporé aquí al centro y me gustaron” detallando que los talleres grupales le permitieron trabajar “las emociones, las comunicaciones, todo lo que es para poder proyectarse con una amiga y ponerse en el lugar de la otra persona. No hay que llegar y juzgar ni tampoco hablar, solamente enfocarse en una misma, no en el (proceso) de la compañera, ni tampoco criticarla. Y yo aprendí porque también yo era muy “metida”, reconoce.
Tras el intenso proceso de cambio, en Marina hay un espacio grande para agradecer a quienes la apoyaron en el camino: tienen agradecimientos muy sentidos a personas que fueron fundamentales en el inicio de su camino, como su primer jefe en Iquique, quien “fue el que la primera vez que alguien me dio la ayuda para poder procesar esta vida que tenía, que esta vida no era correcta”. También está su primo, quien fue empuje fundamental para apoyar los esfuerzos para dejar atrás los errores. Y por supuesto, también las trabajadoras del PAI Mujeres Wanda Clemente.
En ese agradecimiento, Marina hace una confesión: “yo casi tiro la esponja acá, tuve un desliz. Yo pa mi dije “nooo, que terrible, estoy en el centro y volví a caer, nunca más, no vuelvo a ir” y no quería volver acá. Y me llama la señorita Danai (Tens Enfermería) y me dice “Marina como estás, te estuve llamando y yo le digo no voy a volver más al PAI. Le dije tuve una recaída y eso me demuestra a mi que ya no puedo con esto y ella me dice “no, si tu puedes, necesito hablar contigo. Quiero que vengas, por favor ven”
“Entonces yo vine, me acerqué al PAI y hablé con ella, y ella me abrazó. Siempre con abrazo, de piel. Yo pensaba que estaban enojadas como en otros centros, “no usted para afuera usted no vuelve más”, pero acá fue diferente”, destaca, queriendo insistir en cómo el trabajo confidencial y comprensivo de PAI Mujeres Wanda Clemente Gárate fue fundamental para que, a pesar de los deslices, pudiera continuar con el camino y también comprenderse mejor con paciencia las dificultades que un proceso así conlleva.
A pesar de las consecuencias físicas que el consumo dejó en su cuerpo, que hoy la tienen bajo tratamientos en los recintos de salud de la ciudad, ella lo toma con tranquilidad, tomando conciencia de los cuidados extras que debe tener y viéndolo como continuidad de su tratamiento. Cuenta que en PAI Mujeres “me llevaban a la doctora, al médico, y ahí se descubrió mi enfermedad”. Sin embargo, Marina es optimista. Señala que en PAI Mujeres CORFAL siempre le han destacado que su camino aún no termina: “acá me dicen a mi “todavía falta”, me dicen quiérete tú primero tú segundo tú, porque si no te estancas. Todavía falta, porque yo quiero tener mi departamento, mi casa, mi auto y tener una mini empresa”
“Es difícil, pero si se puede. Yo ahora me siento más fuerte, más empoderada de mi misma, ya no escucho esos rumores falsos de amigos/amigas, eso ya no está en mi vida. Lo que está en mi vida es enfocarme en mi misma y lograr mis logros”, sentencia con fuerza y convicción, y con un optimismo alegre que fue su motor para entregar este testimonio, manifiesta que “me veo en mi casa, con mi vehiculo, con mi hijo, con mi nieto/nieta, en un jardín con plantitas, como miniempresaria entregando almuerzos, dulces. Yo sé que lo voy a lograr”
PAI Mujeres Wanda Clemente Gárate es un programa de CORFAL ejecutado en convenio con SENDA, el cual ofrece tratamiento gratuito para mujeres afiliadas a FONASA mayores de 18 años que presenten consumo problemático o severo de alcohol y drogas, que tengan o no hijos, siendo los trabajo maternofilial y trabajo con enfoque de género uno de sus principales ejes en la perspectiva. Este programa ha sido destacado como una de las buenas prácticas en rehabilitación de consumo de drogas a nivel nacional, siendo un centro-modelo para el mejoramiento de las políticas públicas del SENDA a nivel regional y de país, especialmente en el trabajo de reducción de consumo problemático en población femenina adulta.